Ante un nuevo proceso eleccionario
Estamos ante unas nuevas elecciones, tanto en los Estados Unidos, país donde he vivido ya la mayor parte de mi vida, como en mi país natal, Puerto Rico. Y no hay dudas que en ambos lugares, son elecciones cruciales para el bienestar social, espiritual y geopolítico de ambos pueblos.
Muchos opinan que ante lo que presentan los distintos candidatos, que parecen ser solo mas de lo mismo, lo mejor que se hace es no ir a votar. Gran dislate, porque el voto es un derecho inalienable de los pueblos libres y no votar es condonar lo que hacen los malos, porque el que calla, otorga.
Otros prefieren votar no por conciencia, sino porque papá y mamá eran de tal o cual partido y eso soy yo. Es decir, que como en materia religiosa, que muchos siguen pretendiendo ser lo que fueron sus ancestros aunque estos estuviesen equivocados, así mismo hacen en materia de política, porque no se atreven a pensar por ellos mismos.
Para nosotros los cristianos se nos presenta el reto de escoger candidatos que nos representen dignamente y que su forma de pensar no vaya en contra de los valores en los cuales creemos y por los cuales regimos nuestras vidas. Debemos ponderar sin apasionamientos, cuáles sean los principios éticos y morales de cada candidato y no solo la economía y otros issues de campaña. Quien representa una mejor opción con relación a la seguridad nacional y quien tiene mas experiencia como para velar por los mejores intereses tuyos y míos, como ciudadanos de la nación, entre otras cosas.
Examina la plataforma de los líderes que hoy buscan tu voto y mira si están en contra o a favor de los intereses del cielo, que deben ser los nuestros como hijos de Dios. Indaga su posición en cuanto al aborto, a los matrimonios de la manera en que la Biblia los establece y otros issues que nos deben importar como pueblo de Dios.
No te dejes impresionar por sus discursos floridos ni hipnotizar por sus cantos de sirenas. Ora a tu Dios que te dirija aun en la forma en que debas dar tu voto el día 4 de noviembre.
Y si bien es cierto que es Dios a final de cuentas, el que levanta o quita reyes, no podemos pasar por alto que este mismo Dios nos ha dado libre albedrío, para que decidamos sabiamente, si es que nos dejamos dirigir por Su Espíritu a la hora de votar.
De mi parte, esa es mi posición. Si Dios dirige los otros aspectos de mi vida, también puede dirigir este. No votaré por nadie que con su indiferencia o conveniencia, sostenga puntos radicalmente opuestos a mi fe cristiana. Me cuidaré de no ofender a nadie por política, porque a final de cuentas, mi voto es secreto.
Pero eso sí. No me quedaré sin votar, algo que te recomiendo que tu no hagas, porque especialmente en esta nación, nuestro voto debe contar como hispanos, para que sepan los partidos políticos que nosotros existimos y llegamos aquí para quedarnos.
Siempre tuyo en el servicio del Rey,
Dr. A. Vallejo
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